En días de calor y senderos de tierra es frecuente que cada paso que damos levante una nube de polvo. A lo largo de la caminata, vamos cubriéndonos de tierra hasta que ropas y piel se tiñen de montaña.

Al final del día, no siempre las condiciones hacen posible bañarse, pero sí limpiar las fosas nasales que, al igual que el resto del cuerpo, han quedado cubiertas de tierra.

Existe un conjunto de técnicas que nos permiten limpiar las mucosas y los órganos internos. En este caso, será útil para sacar el polvo acumulado en las fosas nasales, limpiando, así, los conductos respiratorios.

En una posición sentada y confortable (jamás de pie, ya que la hiperoxigenación puede generar mareos), inspirar lentamente por la nariz y exhalar con fuerza (antes, colocar un pañuelo bajo las fosas nasales). La fuerza para exhalar es abdominal, no facial. La inspiración será lenta y silenciosa mientras que la exhalación, rápida y ruidosa. Repetir varias veces. Por lo menos, los conductos respiratorios se habrán desempolvado y mejorará la respiración en general.

Un detalle para tener en cuenta es que esta forma de limpiar las mucosas nasales tiene un efecto colateral: despierta. Por eso, es mejor realizarla ni bien se llega de caminar, bastante antes de sumergirse, hasta la mañana siguiente, en la bolsa de dormir.

Contraindicación: abstenerse de este ejercicio (así como de cualquier respiratorio con ritmo) si tiene presión alta o problemas cardíacos. Tampoco es recomendado, como la mayoría de las técnicas descriptas en Calidad de vida en las montañas, para hacer a más de tres mil metros de altura.

Texto y foto: Anahí Flores

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